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¿Cuál es el propósito supremo de tu vida? ¿Por qué estás en esta tierra y cuál es tu misión? Esta es la verdadera historia de la humanidad, la que el mundo quiere ocultarte. Todo comienza con un drama cósmico, una conspiración satánica contra el hombre, pero sobre todo, una estrategia divina para su salvación.
Jesús hizo un llamado radical: “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.” (Marcos 1:17) ¡Esto no es una simple invitación, es una misión divina! Cuando Jesús vino, no dijo: “Haré de ustedes buenos trabajadores”, Él dijo “Haré de ustedes ganadores de almas.” Si sigues a Jesús, entonces tu profesión principal no es médico, abogado o ingeniero, ¡tu misión divina es ser un ganador de almas!
¿Has comprendido por qué naciste? ¿Sabes cuál es la verdadera misión de tu vida? No se trata de la carrera que elegiste, ni de tus ambiciones personales, sino de un propósito celestial, inscrito en la eternidad, antes incluso de que fueras formado en el vientre de tu madre. La urgencia es real: hay dos destinos eternos, el cielo y el infierno, y tu elección en esta tierra determinará dónde pasarás la eternidad.
Génesis 1:26 – Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.
Este es el acto fundador de nuestra existencia. Dios no dijo “Hagamos un mono evolucionado” o “Hagamos una criatura inferior”, sino que dijo “Hagamos al hombre a nuestra imagen.” Imagina el cielo en efervescencia, los ángeles atentos, y Dios anunciando la más gloriosa de Sus obras: ¡el hombre! El hombre fue creado para reinar, para dominar la creación y para reflejar la gloria de su Creador.
Pero hubo un enemigo, un adversario celoso, un antiguo querubín que, por su orgullo, fue arrojado del cielo.
Ezequiel 28:11-17 – La caída de Lucifer.
Él no podía aceptar que el hombre fuera elevado a un rango tan glorioso. Por eso urdió un plan: alejar al hombre de Dios y arrebatarle su destino eterno.
Génesis 3 nos revela la astucia de Satanás. Se acerca a Eva y la lleva a dudar de la palabra de Dios. La estrategia es antigua, pero sigue siendo eficaz: “¿De veras Dios ha dicho?” Insinúa la duda, explota el orgullo y la codicia. Eva cede, come del fruto prohibido, y Adán la sigue. En ese preciso instante, toda la humanidad se desmorona.
No se trata simplemente de un acto aislado; es una tragedia universal. El hombre ha caído. Está separado de Dios y manchado por el pecado. Cada ser humano que nazca después de Adán heredará esa separación de Dios.
La vestidura de gloria que lo rodeaba desaparece, y por primera vez, se da cuenta de que está desnudo. ¡No es una desnudez física, es una desnudez espiritual! Está separado de Dios.
Dios toma una decisión radical: Expulsa a Adán del jardín del Edén.
Génesis 3:22-24 – Hay que impedir que tome del árbol de la vida.
¡Si, en su estado caído, Adán comiera del fruto del Árbol de la Vida, sellaría su destino por la eternidad! Estaría eternamente perdido, y toda la humanidad con él.
Dios, en Su sabiduría insondable, pone en marcha un plan magistral: ¡introduce… el tiempo!
En la eternidad, todo está congelado. Lo que eres, lo eres para siempre. Pero Dios, previendo un camino de salvación, introduce el tiempo. ¿Por qué? Porque en el tiempo, es posible que un ser humano manchado reciba a Jesucristo, sea lavado por Su sangre y regrese a la eternidad, esta vez purificado.
Entonces, el diablo cambia de estrategia: usa el tiempo para alejar a los hombres de la salvación mediante distracciones, filosofías vanas, ambiciones inútiles.
¡Si has sido salvo, es para salvar a otros! El último mandamiento de Jesús antes de Su ascensión fue claro:
Marcos 16:15 – Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura.
Jesús comenzó Su ministerio diciendo “Haré de ustedes pescadores de hombres”, y lo terminó diciendo “Vayan y hagan discípulos.”
Pablo comprendía esto, por eso declaraba:
1 Corintios 9:16 – ¡Ay de mí si no predico el evangelio!
Padre, hoy reconozco la urgencia de la salvación. Gracias por Tu gracia que me salvó del reino de las tinieblas. Decido ahora tomar mi lugar en Tu plan y convertirme en un ganador de almas. Hazme un instrumento poderoso para Tu reino. Lléname con el fuego del evangelio y dame la audacia de proclamar Tu palabra a todos los que aún no Te conocen. ¡En el nombre de Jesús, Amén!
🙏 Si nunca has entregado tu vida a Jesús, ora esta oración:
Señor Jesús, reconozco que necesito de Ti. Creo que moriste por mis pecados y que resucitaste. Hoy te acepto como mi Señor y Salvador. Transforma mi vida y guíame por Tu camino. Amén.
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